Este libro surgió de un momento de iluminación, de una idea loca, de una de esas cosas que pasan pocas veces en la vida pero que dejan huella. Piccolo siempre ha sido mi personaje favorito, desde que empecé a ver Dragon Ball (Bola de Drac) en catalán en TV3 cuando tenía 7 años. Sin saber todavía muy bien por qué, aquél personaje solitario, más bien tímido pero tremendamente fiel a sus amigos me cautivó. Nunca era el más fuerte, pero siempre hacía lo que debía. Protegía a los niños, no le gustaba destacar, ni la fiesta, ni los banquetes, meditaba...daba la sensación de que ocultaba un gran misterio. Todas esas habilidades especiales que tenía, como la telepatía o la regeneración... y su propia apariencia serena, firme y elegante. Cuando todos mis amigos se compraban los muñecos y coleccionaban los cromos de Goku, yo hacía lo propio con Piccolo. Era especial para mi.
Años más tarde, fui evolucionando en la vida, como todo hijo de vecino trata de hacer. Tras una ruptura sentimental tremendamente traumática, el estoicismo llegó a mi vida. Empecé con videos de Ryan Holiday en Youtube y en poco tiempo estaba leyendo a Séneca y a Epicteto. El enfoque sencillo de esta filosofía me cautivó. Siempre me inquietaron mucho las ideas y la mente humana, pero era un incrédulo. No confiaba ni tan siquiera en la psicología. Hasta que la vida me puso de rodillas y en el fango. Tenía que salir de esa y afortunadamente, el estoicismo fue el beneficio colateral de verme en esas. Una auténtica serendipia en un mar de dudas. Poco a poco fui asimilando conceptos y entendiendo que mi mente era una fortaleza. Una ciudadela que sí yo entrenaba y fortificaba, era inexpugnable. Eso me reconfortó. Quizás la idea que me cambió la forma de ver la vida y me proporcionó la fuerza y el interés para seguir aprendiendo filosofía fue la famosa máxima de Epicteto: "No son las cosas en sí mismas las que nos molestan, si no la opinión que tenemos de ellas". Qué maravilloso fue descubrir que podía modificar mis creencias sobre las cosas. Que todo aquello que consideraba terrible quizás no lo era tanto. Me liberó de un gran peso.
Después de años de devorar libro tras libro, murió Akira Toriyama en Marzo de 2024. Salieron a la luz algunas entrevistas que le hicieron, pues tenemos la costumbre de dar protagonismo y reconocimiento a alguien cuando se marcha. Una de ellas llegó a mi pantalla a través del célebre algoritmo. En ella, el maestro nipón hablaba sobre la última película en la que participó: Dragon Ball Super: Super Hero. Decía que su personaje favorito de Dragon Ball era Piccolo, pues es tranquilo y estoico. Mi reacción al leer esta frase debió ser como la de Newton al caerle la Manzana o Arquímedes al sumergirse en la bañera. Era un gran descubrimiento para mi. Resulta que el personaje de mi infancia al que tanto admiraba y la folosofía que me estaba ayudando a mejorar como ser humano estaban conectados. Y nada menos que a través de Akira Toriyama, un gran maestro en muchos sentidos. En ese momento fue en el que decidí que tenía que plasmar ese concepto en un libro, que tenía que compartir esa idea con la gente que la quisiera abrazar. ¿Quién mejor que un personaje al que varias generaciones pueden reconocer para explicar ideas filosóficas, y, de paso, tratar de mejorar un poco sus vidas?
Darío Sánchez